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Entronizaron una imagen de la Virgen del Valle en un cerro de la Antártida

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Devoción catamarqueña

Rodolfo Barrionuevo entronizó una imagen de la Virgen del Valle en la Antártida y relató la experiencia vivida como militar catamarqueño.

Rodolfo Barrionuevo, coronel retirado del Ejército y abogado catamarqueño actualmente radicado en la provincia de Buenos Aires, compartió su experiencia espiritual y militar en una entrevista con Tiempo Real. Relató cómo, en su paso por la Antártida decidió entronizar una imagen de la Virgen del Valle en uno de los cerros más emblemáticos de la base argentina. “Es una historia cargada de fe”, comenzó diciendo Barrionuevo. “En Catamarca hice la escuela primaria y secundaria. Regresé en el año 1973 y, al terminar el secundario, tuve la inquietud de iniciar la carrera militar. En 1974 me incorporé al Colegio Militar de la Nación y en octubre egresé como subteniente de Infantería”.

Su primer destino fue la provincia de San Juan, y allí comenzó una preparación clave: “Gracias a Dios tuve la oportunidad de hacer los cursos de montaña, los cuales fueron base para sobrevivir y experimentar en la Antártida”. Ya con el grado de teniente, se postuló para rendir en el Comando Antártico: “Pasé todas las pruebas y tuve la suerte de ingresar”. La devoción a la Virgen del Valle marcó su misión desde el inicio: “Siempre fui devoto de la Virgen del Valle, a tal punto que le pedí a mi madre que me regalara 16 imágenes, medallitas, y le entregué una a cada uno en la base, apostando a que todos se hagan creyentes”. El impacto fue profundo: “De los 14, dos se vinieron a casar a Catamarca y cuatro bautizaron a sus hijos acá”.

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Barrionuevo describió con detalle el entorno: “La Antártida es un terreno muy hostil y peligroso por las condiciones climáticas y el terreno. Hace falta tener muchísima experiencia, principalmente en montaña, escalamiento y conducción de gente. Ejercer un liderazgo es vital”. También se refirió al impacto humano y espiritual del aislamiento: “Cuando uno queda solo en la base, realmente queda solo en el lugar, y es consciente de lo que pasa. Un teniente primero joven, con 14 hombres a cargo, se encuentra con la realidad. Como siempre se dice: la realidad se construye, no existe; se va construyendo día a día”.

En ese contexto, su fe se convirtió en un refugio: “Uno es consciente de la responsabilidad de mantener a la gente sana física y psíquicamente. Y uno encuentra que realmente el camino es fortalecerse a partir de la fe. Otro recurso no tiene”. La entronización de la Virgen del Valle fue un acto colectivo: “Mi desafío, ni bien llegué a la base, fue mirar el cerro América. El primer día vi ese cerro y dije: ‘Ahí voy a tratar de entronizar a la Virgen’. Convoco a la gente. Era un desafío, un acto de fe. Podían participar libremente. Todos se involucraron en esta misión”. Con gran emoción, concretaron la iniciativa: “Llegamos a la cumbre. Lo primero que hicimos fue rezar, orar. Desplegamos la bandera argentina y empezamos a armar la estructura de la Virgen del Valle, que tiene aproximadamente un metro y medio y lleva dos banderas: la argentina y la papal”.

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