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Recrudecen los ataques homoodiantes

Se viven tiempos de recrudecida violencia nacida de discursos de odio, que se manifiesta sobre todo digitalmente, pero que a veces se convierte en agresiones físicas. Los discursos homoodiantes, que hasta no hace mucho eran repudiados masivamente, hoy se han naturalizado peligrosamente, tal vez porque quienes los profieren se han envalentonado por posturas similares asumidas desde lo más alto del poder político en Argentina.

Deberá recordarse, por ejemplo, el discurso de Javier Milei en el Foro de Davos en el que asoció a la homosexualidad y a la ideología de género con los abusos infantiles. “Cuando digo abusos no es un eufemismo, porque en sus versiones más extremas, la ideología de género constituye lisa y llanamente abuso infantil. Son pedófilos, por lo tanto, quiero saber quién avala esos comportamientos”, dijo. Y puso como ejemplo un caso en el estado de Georgia, Estados Unidos, donde una pareja homosexual fue condenada a 100 años de cárcel por abusar de sus 2 hijos adoptivos. Por supuesto, no hay evidencia alguna que corrobore que las personas homosexuales tengan más probabilidades de cometer abusos sexuales a menores que las heterosexuales.

Resulta imprescindible revertir un proceso de legitimación de los discursos de odio, que producen también acciones de odio. Resulta imprescindible revertir un proceso de legitimación de los discursos de odio, que producen también acciones de odio.

En las últimas dos semanas miembros de la comunidad LGBTQ+ sufrieron ataques homoodiantes. En el barrio de Palermo, Ciudad de Buenos Aires, un joven gay de 24 años fue brutalmente golpeado. La crónica periodística indica que la víctima salía de un boliche junto a un amigo extranjero que lloraba por la muerte reciente de su abuela. Dos hombres se burlaron de la escena y, tras una breve discusión, uno de ellos gritó: “Dejámelo a mí, siempre quise pegarle a uno de estos”. Entonces, lo tiró al piso y lo pateó en el rostro, lo que le provocó doble fractura de mandíbula.

Otro episodio de violencia homofóbica se produjo en una cabaña en el Delta del Tigre, provincia de Buenos Aires, que fue destrozada, incendiada en parte y cubierta con grafitis agraviantes. En ella vive un matrimonio gay.

Otra víctima de un ataque de estas características fue el psicólogo Norberto Lorenzo, cofundador de la Comunidad Católica Gay de Buenos Aires. Su casa y su consultorio, ubicados en la localidad de Ituzaingó, también en la provincia de Buenos Aires, fueron atacados con pintadas homofóbicas.

En los últimos meses se han multiplicado los casos de violencia, siendo el más grave el triple lesbicidio ocurrido en mayo del año pasado en el barrio porteño de Barracas. Según el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBTQ, en el primer semestre de 2025 se reportaron 102 casos de violencia homofóbica, lo que implica un incremento del 70% respecto al mismo período del año anterior.

Resulta imprescindible revertir un proceso de legitimación de los discursos de odio, que producen también acciones de odio. El Estado, lejos de alentar esta tendencia, tiene que volver a convertirse en garante de protección de la población y de castigo a aquellos que infringen las leyes penales comunes y las normas que protegen específicamente a las personas de la diversidad sexual.

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