sábado, 17 de enero de 2026 12:46
Estados Unidos estuvo a punto de lanzar un devastador ataque aéreo contra centros de mando de Irán en el punto más álgido de la represión contra las protestas populares, pero el presidente Donald Trump ordenó frenar la ofensiva en los últimos minutos, tras recibir un informe de inteligencia que desaconsejaba la operación.
Según reveló el analista militar israelí Amir Bohbot, del sitio Walla, Trump intervino personalmente en la madrugada del jueves para cancelar los planes militares, cuando fuerzas estadounidenses ya comenzaban a movilizarse desde portaaviones y bases en la región. Algunos aviones incluso habían despegado de la base aérea Al Udeid, en Qatar, pero recibieron la orden de regresar y “permanecer en espera”.
De acuerdo con el informe, el mandatario había condicionado cualquier acción militar directa a la caída total del régimen iraní, un escenario que los servicios de inteligencia no pudieron garantizar. Además, advirtieron que Estados Unidos podría no contar con fuerzas suficientes en la región para hacer frente a una represalia iraní de gran escala.
A este diagnóstico se sumaron los pedidos de los aliados de Washington en el Golfo Pérsico, especialmente Arabia Saudita, Qatar y Omán, preocupados por quedar atrapados en un conflicto regional debido a la presencia de importantes bases militares estadounidenses en sus territorios. Turquía también expresó su rechazo a una escalada bélica.
Durante la semana, Trump había endurecido su retórica y amenazado con “castigar” a la República Islámica si continuaba la feroz represión contra los manifestantes. Sin embargo, ese tono cambió abruptamente entre el miércoles por la noche y el jueves, cuando la beligerancia de ambas partes disminuyó de forma notoria.
Aunque la Casa Blanca aclaró que “todas las opciones siguen sobre la mesa”, Washington argumentó públicamente que Irán habría suspendido unas 800 ejecuciones de manifestantes como resultado de la presión internacional. El propio Trump destacó ese gesto en su red Truth Social: “Respeto enormemente el hecho de que todas las ejecuciones programadas hayan sido canceladas. ¡Gracias!”, escribió, sin mencionar la magnitud de las víctimas.
En paralelo, el Departamento del Tesoro estadounidense anunció nuevas sanciones contra funcionarios de seguridad iraníes y redes financieras, en un contexto en el que el país ya enfrenta duras restricciones internacionales por su programa nuclear.
Mientras tanto, organizaciones de derechos humanos denunciaron una represión masiva. Según el grupo Iran Human Rights (IHR), con sede en Noruega, al menos 3.428 manifestantes fueron asesinados por las fuerzas de seguridad, aunque otras estimaciones elevan la cifra a más de 5.000, e incluso hasta 20.000. El prolongado apagón de internet dificulta la verificación independiente.
Las protestas comenzaron el 28 de diciembre con el cierre del Gran Bazar de Teherán, impulsadas por la inflación desbordada, la devaluación del rial y la crisis económica. Luego se transformaron en un movimiento político masivo, con la participación de estudiantes y gremios que exigieron el fin del sistema teocrático instaurado tras la revolución de 1979.
Según el Instituto para el Estudio de la Guerra, con sede en Estados Unidos, la represión “probablemente ha suprimido el movimiento por ahora”, pero advirtió que el despliegue permanente de fuerzas de seguridad es insostenible y que las protestas podrían reanudarse.
