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Sauce criollo y especies nativas: la apuesta natural para frenar inundaciones en el NOA

El doctor en Ciencias Biológicas e investigador del CONICET, Edgardo Pero, demostró que la restauración de bosques ribereños con especies nativas puede convertirse en una herramienta eficaz para mitigar inundaciones, frenar la erosión y proteger las tierras productivas. La experiencia desarrollada en Tucumán abre una alternativa concreta frente a una problemática que también afecta a Catamarca.

Una de las fortalezas del investigador tucumano es su dimensión internacional. Realizó una estancia de tres meses en la Universidad de Washington, en Seattle, gracias a una beca Fulbright-CONICET, donde trabajó en ecología y restauración de ecosistemas, y comparó metodologías aplicadas en Argentina y Estados Unidos.

La implementación de una iniciativa similar requeriría la articulación entre organismos provinciales de ambiente, recursos hídricos, productores afectados por la erosión, universidades y centros de investigación. El caso tucumano demuestra que, cuando los distintos actores se comprometen, la restauración forestal es viable y efectiva.

La relevancia para Catamarca es directa: ambas provincias comparten ecosistemas de transición entre yungas y chaco serrano, flora similar y la misma problemática de inundaciones estacionales que impactan tanto en el ambiente como en la producción agrícola.

El problema que compartimos

Catamarca y Tucumán enfrentan un desafío común, como es la pérdida de bosques ribereños, aquellos que crecen naturalmente en los márgenes de ríos y arroyos. Estos ecosistemas funcionan como aliados invisibles frente a las crecidas, ya que amortiguan el avance del agua y frenan la erosión del suelo. Cuando desaparecen por deforestación o descuido, las consecuencias se trasladan a las zonas productivas, provocando pérdida de tierras cultivables, daños en infraestructura y mayor vulnerabilidad ante eventos climáticos extremos.

“Son los bosques que están en los márgenes de los ríos y cumplen un rol ecológico fundamental: amortizan las crecidas y detienen los procesos de erosión”, explicó el investigador. “Descuidar este tipo de ecosistemas implica pérdidas productivas, no solamente biológicas”.

La problemática también se refleja en los valles y zonas productivas de Catamarca, donde la relación entre cuencas hídricas y actividad agrícola es igualmente sensible.

La solución: especies que también crecen en Catamarca

La clave del método desarrollado por Pero es el uso de especies nativas, muchas de las cuales también están presentes en Catamarca. El investigador trabaja con flora autóctona de la región de transición entre yungas y chaco serrano.

El sauce criollo (Salix humboldtiana) se convirtió en la especie central del proyecto. “Es el árbol ribereño por excelencia en gran parte del centro y norte del país”, señaló. Esta especie, presente de manera natural en las riberas catamarqueñas, mostró una gran capacidad de adaptación y crecimiento.

Junto al sauce, la tipa blanca arrojó resultados destacados. El equipo también evalúa el desempeño del jacarandá, el lapacho rosado y el sevil colorado, y proyecta incorporar pacará y seibo en próximas etapas.

“No todas las especies crecen de la misma manera ni responden igual en todos los contextos. Con nuestras investigaciones vamos afinando qué especies funcionan mejor según las características de cada ribera”, explicó.

Resultados en el campo

Los primeros ensayos de forestación con especies nativas se realizaron en campos privados cerca de Simoca, en Tucumán, en una zona cañera que había sufrido graves problemas de erosión hídrica. Tras probar otras soluciones sin éxito, los propietarios decidieron avanzar con la implementación del proyecto de restauración ambiental.

Tres años después, los resultados son visibles. “En las crecidas actuales ya se observa el rol de amortización que está generando ese bosque”, señaló Pero, al destacar que los árboles plantados comenzaron a cumplir su función protectora frente a las inundaciones.

El investigador remarcó además el componente socioecológico de la iniciativa. “Si no hay compromiso de los propietarios de la tierra, se vuelve muy difícil avanzar”, reconoció. Actualmente, el proyecto articula con tierras públicas provinciales y con productores privados.

La experiencia en Simoca demuestra que, cuando los productores enfrentan pérdidas concretas por erosión y ven el río ingresar a sus campos, aumenta la disposición a apostar por soluciones de largo plazo, como la restauración de bosques nativos.

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