lunes, 2 de marzo de 2026 17:17
En la madrugada del lunes llegó al mundo Gia, la primera hija de Oriana Sabatini y Paulo Dybala. La pequeña nació en el Hospital Gemelli, cuidada por un equipo médico de primera y arropada por el amor de su familia que tanto anhelaba tenerla en sus brazos. Sin embargo, la felicidad de la pareja se vio empañada por un dramático suceso desencadenado a cientos de kilómetros de Roma.
La abuela de Oriana, de 90 años, atravesaba un momento crítico mientras daba a luz a su primera hija. Así lo relató la flamante abuela Catherine Fulop: “La vida me tiene en Italia esperando una nueva vida y el corazón en Venezuela con mi madrecita santa”. Esa frase, simple y desgarradora, recorrió las redacciones y dejó claro que la llegada de la nieta venía con factura emocional incluida.
Inmersa en el impacto emocional que este suceso le produjo, la actriz ahondó en la cadena de hechos que golpeó a su madre: “Mi mamá, en esos días que yo estaba por venirme para acá, se cayó y empezó a no poder caminar. Le empezaron a hacer radiografías, estudios, y resulta que tenía una súper artrosis. No estaba fracturada, pero los médicos en Venezuela consideraron que tenían que operarla”.
“Uno a la distancia, bueno, como que sí, ´opérenla, si es lo que dicen los médicos, opérenla´”, explicó la mamá de Oriana dando a entender la dificultad que conlleva tomar una decisión de este calibre a la distancia. Esa resignación forzada por kilómetros y fronteras puso en evidencia la vulnerabilidad de las decisiones médicas cuando el afecto no puede estar presente.
El drama continuó pese a la intervención: “Esa madrugada que llegó a casa, al día siguiente de operada, prácticamente, que ya estaba en casa, porque la operación le fue bien y todo, mi amor se cae, se luxa la cadera y dicen: ‘Hay que operarla rápidamente, porque hay que segmentar y no sé qué’.” La cadena de caídas y cirugías transformó la recuperación en una carrera contra el reloj.
Lamentablemente, la situación empeoró generando un clima de incertidumbre y angustia: “Perdió sangre, tuvo un derrame, transfusión de sangre… Bueno, medio se complicó la cosa. Ahora está postrada, o sea, en cama, porque no se puede parar. Ahora hay que esperar que, que todo eso suelde. ¿Ustedes saben lo que es que una persona de 90 años esté acostada en una cama?”.
Y sin perder la calidez que la caracteriza, la abuela de Gia optó por exteriorizar sus emociones dedicándole cálidas palabras a su progenitora. “Mamá Cleo, te amo. Dios sabe lo que hace”, dijo Cathy, mientras en Roma sostenía a Gia entre lágrimas y sonrisas. Contrastes de la vida. Muchas veces la máxima felicidad se superpone con la mayor angustia.
