Un posteo publicado en redes sociales por la usuaria Colo Romero generó amplia repercusión entre estudiantes de Catamarca al exponer las dificultades económicas que enfrentan quienes cursan una carrera universitaria. En su publicación, la joven reflexionó sobre el esfuerzo que implica estudiar mientras se trabaja o se llega desde el interior de la provincia. “No es una carrera de velocidad, no es una maratón. No juzgues el tiempo de nadie, cada uno carga una realidad distinta en la espalda”, expresó en el mensaje que acompañó las placas del posteo.
En una serie de imágenes, Romero detalló algunos de los gastos cotidianos que afrontan los estudiantes que cursan en la Universidad Nacional de Catamarca. Entre los principales costos mencionó el transporte público con la Tarjeta SUBE, que para quienes viajan desde zonas como Valle Viejo o Fray Mamerto Esquiú puede implicar un gasto diario cercano a los 4.500 pesos cuando se cursa en doble turno o se debe permanecer varias horas en la universidad.
“Me voy a ver el partido o guardo para el boleto del jueves que rindo, esa es la pregunta real en la parada del 106 o del 201”, señaló en una de las placas.
La estudiante también mencionó el rol clave del comedor universitario de la UNCA, al que describió como un “salvavidas” para muchos jóvenes. Según explicó, el ticket con media beca rondaba los 1.800 pesos en 2025, aunque los cupos suelen agotarse rápidamente. En caso de no conseguir lugar, comer en los carritos cercanos a la avenida Belgrano puede superar los 4.000 pesos.
“Muchos estudiantes estiran el mate con tortillas de 800 pesos toda la tarde para engañar al estómago hasta volver a la casa”, relató.
La publicación también pone el foco en la situación de quienes llegan desde el interior de la provincia, como Belén, Tinogasta, Santa María o Andalgalá. En esos casos, además de los gastos universitarios deben afrontar alquileres de residencias o departamentos cercanos a la facultad que pueden oscilar entre 280.000 y 350.000 pesos mensuales, sin contar expensas ni servicios. A esto se suma otro recurso frecuente: las encomiendas con comida que envían las familias desde sus pueblos para ayudar a llegar a fin de mes. “Muchos dependen de la caja que manda la familia del interior para zafar el mes; si la caja no llega, el estudiante no come”, escribió.
En el cierre del posteo, Romero reflexiona sobre las historias que suelen quedar detrás de un título universitario. Allí menciona situaciones que muchos estudiantes atraviesan en silencio: “El que se recibe tarde generalmente es el que bajó del cerro con lo puesto, el que aprendió a vivir solo con lo justo, el que caminó por la avenida Belgrano con 42°C porque no tenía para el segundo colectivo, o el que leyó los finales desde un celular con la pantalla astillada porque las fotocopias eran impagables”.
Para la joven, en el contexto actual, “recibirse en 2026 no es solo una cuestión de capacidad académica, es un triunfo de la voluntad contra el bolsillo”. El mensaje fue acompañado por numerosos comentarios de estudiantes que aseguraron sentirse reflejados en esa realidad.
