El gobierno británico anunció que no participará en la operación militar propuesta por Estados Unidos, priorizando una solución negociada para garantizar la libre navegación en la estratégica vía marítima.
El Primer Ministro del Reino Unido, Keir Starmer, anunció oficialmente que su país no participará en el bloqueo del Estrecho de Ormuz. Esta decisión marca una diferencia con la estrategia ofensiva planteada por la anterior administración de Estados Unidos.
A través de sus redes sociales, el mandatario británico aseguró que se encuentran trabajando urgentemente con socios estratégicos como Francia y España para conformar una coalición que garantice la libertad de navegación en la región. «EE.UU. no puede dictar cómo otros deben gestionar sus asuntos», manifestó Starmer, reforzando una postura que prioriza el interés nacional para evitar posibles represalias.
Desde el inicio del conflicto, Londres ha abogado por una solución diplomática entre Irán y Estados Unidos, celebrando recientemente el alto el fuego como un paso necesario hacia el fin duradero de las hostilidades. El objetivo central del gobierno británico es lograr una rápida reapertura y asegurar la estabilidad del Estrecho de Ormuz, un punto neurálgico para los mercados de energía globales.
Sin embargo, la estrategia de Starmer no está exenta de controversia. El mandatario enfrenta críticas internas por permitir que Estados Unidos continúe utilizando bases militares británicas para sus operaciones, a pesar de su retórica de no intervención. Esta decisión posiciona al Reino Unido en un delicado equilibrio diplomático, buscando proteger el comercio internacional sin involucrarse en lo que el propio Starmer calificó como una «guerra ofensiva».
