Un estudio de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) indica que el consumo per cápita de carne bovina descendió de 49,5 a 44,5 kilos anuales, asociado a un aumento del 64% en su precio. En paralelo, se observa un incremento en el consumo de carne de cerdo y lácteos.
Según un informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), el consumo de carne vacuna en el país registró una baja en el último año, pasando de 49,5 a 44,5 kilos por persona anualmente, lo que representa una caída de cinco kilos. El estudio atribuye esta disminución principalmente al incremento del 64% en el precio de la carne bovina, cifra que supera ampliamente la inflación general del período.
En contraste, el consumo de carne de cerdo, cuyo precio aumentó un 25%, creció hasta alcanzar los 19,3 kilos por habitante al año. «La suba de los precios cambia los hábitos de consumo», explicó la economista de FADA, Antonella Semadeni, quien también destacó un crecimiento del 7% en el consumo de lácteos, cuyos precios aumentaron por debajo de la inflación.
El informe también analiza el impacto del contexto internacional. La economista jefe de FADA, Nicolle Pisani Claro, señaló que conflictos como la guerra en Medio Oriente podrían generar presiones inflacionarias adicionales debido al aumento en los costos logísticos y de insumos clave como el combustible y los fertilizantes.
Además, el trabajo desglosa la composición de precios de varios alimentos básicos. En la carne vacuna, el 51% corresponde a costos de producción, el 28% a impuestos y el 21% a ganancias. En el pan, los costos representan el 61%, los impuestos el 24% y la ganancia el 15%; mientras que en la leche los costos ascienden al 71%, los impuestos al 26% y la ganancia apenas al 3%.
«Uno de cada cuatro pesos que pagamos en alimentos son impuestos», afirmó la economista de FADA, María Luz Silvetti. El informe también destaca que el precio de los alimentos no depende únicamente del valor de los granos. Por ejemplo, el maíz incide apenas en un 6% del precio final de la carne vacuna, lo que evidencia que la mayor parte de los costos proviene de otros factores a lo largo de toda la cadena productiva.
