La musicoterapia se consolida como una disciplina clave en salud, basada en evidencia científica, que utiliza estímulos musicales para mejorar funciones físicas, emocionales y cognitivas, incluso en pacientes con deterioro avanzado.
La musicoterapia se consolida como una herramienta clave en el ámbito de la salud, al demostrar que el cerebro puede responder a estímulos musicales incluso cuando otras áreas presentan fallas. Esta disciplina utiliza elementos como el ritmo, la melodía y la armonía para mejorar el bienestar físico, emocional y cognitivo de las personas.
En los últimos años, su aplicación se expandió como complemento en tratamientos de distintas afecciones, como trastorno del espectro autista, ansiedad, depresión y enfermedades neurológicas, logrando avances en la comunicación, la expresión emocional y el manejo del estrés.
Uno de los espacios donde este enfoque se aplica de manera integral es el Centro Hirsch, referente en cuidados y rehabilitación. Allí, el abordaje se desarrolla desde la perspectiva de la musicoterapia neurológica, basada en evidencia científica.
La licenciada Gabriela Echauri explicó que esta práctica se diferencia de la idea popular de que la música “cura” por sí sola. “Es una disciplina de la salud que requiere formación universitaria y fundamentos científicos. No se trata de una creencia, sino de intervenciones diseñadas para generar resultados concretos”, sostuvo. Según detalló, el trabajo se enfoca en la neuroplasticidad y en la regulación de funciones biológicas, incluso en pacientes con deterioro cognitivo avanzado. A través de experiencias musicales específicas, se logra activar el sistema nervioso y favorecer la recuperación de distintas funciones.
Además del enfoque neurológico, la práctica pone en el centro a la persona. Cada intervención se adapta a la historia de vida, preferencias y vínculo individual con la música. “Es un lenguaje pre-verbal que nos permite encontrarnos con cada paciente en su singularidad”, destacó la especialista.
El impacto de la musicoterapia se refleja en múltiples áreas: mejora la motricidad y funciones físicas, estimula la memoria y la atención, fortalece los vínculos sociales y contribuye a la regulación emocional. “Entendemos que la música es un puente que conecta a la persona con su historia y su entorno, transformando no solo el cerebro, sino también su vida cotidiana”, concluyó Echauri.
