Un relato oral recopilado por un colaborador describe la historia de la Loma de la Oración y la Cruz de los Milagros, un sitio de devoción popular en un pueblo de Catamarca. Según el testimonio, el lugar era visitado para pedir por salud, fertilidad y trabajo, y en él se erigió una cruz de madera y se descubrió una cruz de piedras blancas. Con el tiempo, la práctica decayó y la cruz de madera desapareció, pero la cruz de piedra permanece.
Un texto de colaboración de Oscar Hugo Alaniz relata la historia de la Loma de la Oración y la Cruz de los Milagros, un sitio de devoción popular ubicado en un pueblo de Catamarca. El autor, que vivió su infancia en el lugar, regresó y recopiló el testimonio de una mujer mayor sobre el origen y las prácticas religiosas en esa loma.
Según el relato, la loma era un sitio sin cruz, de tierra seca, al que los habitantes subían para orar en silencio. Mujeres que no podían tener hijos, personas que pedían por lluvias o por familiares emigrados a Comodoro Rivadavia acudían al lugar. Con el tiempo, la costumbre llevó a que se la conociera como la Loma de la Oración.
El texto indica que un día llegaron desde Los Sauces, provincia de La Rioja, un hombre mayor y su nieto, quienes traían dos palos de garabato en una mula. El abuelo contó que el joven había estado enfermo y sanó después de que su madre subiera a la loma a rezar. Con la ayuda de Don Dionisio, un vecino, armaron una cruz de madera y la colocaron en el lugar.
Posteriormente, Doña Feliciana, cuyo marido se había accidentado con una rastra, dejó un pañuelo atado en la cruz tras rezar. A la semana siguiente, según el relato, el hombre caminaba sin problemas. La noticia se difundió y más personas comenzaron a concurrir.
El texto menciona que Don Antonio, mientras colgaba un rosario, descubrió unas piedras blancas que formaban un caminito. Con una rama de jarilla limpió la zona y halló una cruz formada por esas piedras. Su esposa, que no podía embarazarse, tuvo mellizos. Otro caso citado es el de Don Ramón, cuya majada de ovejas no se reproducía y luego se multiplicó con normalidad.
La cruz de madera se fue llenando de objetos como crucifijos, cadenitas, flores, ropa y mechones de cabellos, dejados por los fieles. Con el tiempo, la población del pueblo disminuyó, la producción decayó y la práctica de la oración en la loma se fue abandonando. La cruz de madera se cayó y desapareció, mientras que la cruz de piedra permanece, aunque a veces cubierta por la arena.
El autor relata que, tras escuchar el testimonio, visitó el lugar y sintió una gran tranquilidad. Desde entonces, cada vez que va al pueblo, visita la Loma de la Oración y la Cruz de los Milagros.
Texto y fotos: Colaboración de Oscar Hugo Alaniz
