El jefe de Trata de Personas de la Policía de Catamarca indicó que cambios de conducta, aislamiento y conflictos familiares pueden indicar situaciones de vulnerabilidad en menores. Destacó el diálogo y la contención familiar como medidas de prevención.
El jefe de Trata de Personas de la Policía de Catamarca advirtió que los conflictos familiares y los cambios repentinos de comportamiento en niños, niñas y adolescentes pueden ser indicadores de situaciones de vulnerabilidad. En declaraciones al diario El Ancasti, el comisario sostuvo que las ausencias del hogar frecuentemente se relacionan con discusiones familiares, agresiones y malos tratos, o con la negativa de los padres a permitir salidas a fiestas, boliches o encuentros con amistades y parejas. En esos casos, algunos jóvenes se retiran sin autorización y dejan de responder llamadas, lo que motiva denuncias y la búsqueda policial.
El funcionario mencionó otros indicadores que requieren atención especial por su posible vinculación con situaciones más graves: aislamiento, encierro prolongado en la habitación, pérdida de contacto con amistades, cambios en el comportamiento escolar y presencia de lesiones. Subrayó que la familia cumple un papel fundamental en la prevención, y que el acompañamiento, la contención y el diálogo permanente fortalecen la confianza para que los chicos puedan expresar sus problemas y pedir ayuda. También señaló que las separaciones, los conflictos entre los padres y las agresiones psicológicas dentro del hogar pueden influir en que niños y adolescentes busquen refugio en otras casas o con amistades. La detección de estas señales requiere prestar atención al contexto y a los cambios, y aunque ningún indicador por sí solo confirma una situación grave, reconocerlos a tiempo puede contribuir a identificar casos que necesitan acompañamiento e intervención oportuna de especialistas.
Otras fuentes que solicitaron no ser identificadas señalaron al consumo de bebidas alcohólicas, con o sin anuencia de los tutores, y de estupefacientes como la marihuana. Afirmaron: “Uno puede ser la puerta de entrada del otro. Lo peor sucede cuando quienes tienen la responsabilidad de cuidar de sus hijos romantizan y aprueban estos consumos, aduciendo que son productos inocuos. No son inofensivos. Producen daño y su uso puede influir negativamente en el ánimo de personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad”.
