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Para el corchazo: En el hospicio y otras canciones del rock nacional que nos arruinan el día

La desesperanza invade de golpe y la radio es una perversa que lo sabe, y mucho más dentro de un taxi, enjaulados y con un chofer -uno de esos choferes- que cogotea cruel nuestra vulnerabilidad por el espejo. ¿Y qué hace? La pone más fuerte para alargarnos el día. Suena En el hospicio, de Pastoral, y uno sabe que tendrá que poner a prueba toda su resiliencia.

En el hospicio está cumpliendo 50 años. Es un tema del segundo álbum de estudio de Pastoral, editado en 1975, y que también usaron para nombrar la placa. Nos lo cuentan en la FM. El disco tiene temas que parecen bautizados por Luis Almirante Brown, el personaje de Capusotto. Uno se llama: Gustavo esfumado tras las hojas. Las canciones llevan la firma de Alejandro de Michele y Miguel Ángel Erausquin y, sin dudas, En el hospicio es la más famosa de todas.

Esto no se trata de temas de una tristeza finisecular, sino de las simpatías por el demonio que despiertan, dentro de uno, determinadas canciones. Arrebatos de ira, tirria, bilis, dermatitis seborreica, odio a la música. Escuchar En el hospicio es como respirar tres minutos de Riachuelo.

La voz infame del dial aprovecha para hablarnos de la historia del grupo, y de la trágica muerte de su cantante (para más datos, Google). Escuchás el nombre de la canción y preferirías una cátedra de Paulo Vilouta hablando de caso Spagnuolo.

«Por qué me dejan pensar en toda esa gente humana y después para jugar hasta me atan a mi cama. Puedo ver la realidad y saber que el perro es perro y nada más», dice la letra.

Además, “hospicio”, una palabra que no se usó en todo el siglo 20, salvo en esta canción. En la radio hablan de Pastoral, pero no se dice que es uno de los máximos exponentes del malhumor social. Tampoco se dice que el dúo fue un intento fallido de otro Sui Géneris (como si al rock no le fuera suficiente un solo Nito Mestre). Radiohead parece las Ketchup delante de Pastoral.

Pastoral y «En el hospicio»: «Quiero atrapar al sol, en una pared desierta».

Viejo, mi querido viejo y otras tristezas

Piero cantaba Es un buen tipo mi viejo. Trata sobre un jubilado de la mínima que vive en la esquina de Portela y José Bonifacio. Tiene la tristeza larga/de tanto venir andando. Dos versos, dos arrugas nuevas. El tema es el villancico del Día del Padre en los posteos todos iguales de Facebook: “Hoy cumplirías tus 84 años, te imagino sonriente junto a tus seres queridos”.

La voz de pistacho de Juan Carlos Baglietto te convierte en una persona súbitamente reaccionaria. Por alguna razón Era en abril te transporta al planeta Horacio Guaraní y ahora sos un conservador con bombo legüero tratando de analizar la letra de Mirtha, de regreso, de Adrián Abonizio. Querés saber si es un preso político o un ladrón de gallinas. Sos un suboficial mayor con cara de mingitorio de Duchamp preguntándote cómo es posible que un motochorro haya escrito “la noche se abre como un abrigo, Mirta”.

Juan Carlos Baglietto triunfó con la Trova Rosarina y un tema tristísimo, «Mirtha, de regreso». Foto: gentileza JCB.

Digan lo que digan, Laura va, de Almendra, es la Luisa Vehil de las canciones argentinas. Duki cree que habla de un caracol gigante que es finalmente derrotado por una mancha de humedad. El tema transcurre mientras uno va convirtiéndose en un títere tuberculoso con la cara de Discépolo («Laura va, lentamente guarda en su valija gris el final de toda una vida de pena», canta Spinetta). Cuando termina, para cambiar la vibra, hay que vacunarse con Pablito Lescano: el muchacho hizo un esfuerzo y curó la anemia de Laura va con un pertinente y lascivo “Laura, se te ve la tanga”.

Amanece en la ruta. Hay que poner una mueca de circunstancia y encima la canta Miguel Zavaleta, el Guasón del rock nacional. La oveja negra de familia patricia que, muy Bullrich, podría hacer también del padre de Los Locos Addams. En la carrera de Suéter, esta canción es tan distópica como Café la humedad en la de Cacho Castaña. Me he dormido viajando y soñado tan intenso… Melodía que huele a sánguche de miga en una estación de servicio. Dicen que si la escuchás camino a Mar del Plata, se te aparece un Baglietto en el asiento del acompañante haciendo Era en abril, a capella.

Marcha de la bronca. De la escuela de músicos argentinos que piensan con el pecho inflado, Miguel Cantilo fue uno de sus editorialistas más forzudos. El dúo Pedro y Pablo perteneció a ese invento castrense denominado “música de protesta”. Tema que abomina Pipo Cipolatti y se vende en el mismo lote de Reina Madre, de Raúl Porchetto, otro músico de una generación susceptible al bronce.

La colina de la vida y la heroína

León Gieco, autor de «la colina de la vida». Foto: Fernando la Orden

Hay más: La realidad duerme sola en un entierro/Y camina triste por el sueño del más bueno. Da para que Milei la atienda con algún trasnochado hilo de twitter. ¿No podría prohibirla y convertir al autor en una víctima? Suena La colina de la vida y después necesitás tirarte a dormir 12 horas seguidas. Nunca me creo en la cima o en la gloria/Eso es un gran fantasma. El huevo de la serpiente de la autoayuda es responsabilidad del herbívoro León Gieco.

Eres un ángel maldito, eres la dama más cruel, un arma de doble filo, contigo sólo puedo perder. No está dedicada a Lilia Lemoine sino a otra droga dura, la heroína. Canción que Ariel Rot, de Los Rodríguez, conversa como si fuera On the road, de Jack Kerouac. Música para generar conciencia en las campañas del Sedronar.

Cerramos con Los Dinosaurios, del Charly García de candor democrático que quiso inocularnos un padrastro de la patria. Cuando subraya “pero los dinosaurios van a desaparecer” hasta Imagine de John Lennon le hace bullying.

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