Mas Noticias

Barajar y comenzar de nuevo

domingo, 14 de diciembre de 2025 04:56

La Unión Cívica Radical ya no tiene margen de error. Lo que vive en esta etapa crucial de su vida institucional, no apunta a ganar una elección o posicionarse para una contienda específica, sino que está en juego su propia supervivencia. Nadie puede negar el peso y la preponderancia de la UCR en la historia argentina, como tampoco se puede ignorar que todos sus momentos de gloria se remiten a un pasado cada vez más lejano. Hace un cuarto de siglo que un radical no es electo presidente, y el último que lo hizo -Fernando De la Rúa- debió renunciar en medio de una crisis gravísima, como también había renunciado el anterior radical que ocupó el sillón de Rivadavia, Raúl Alfonsín. En este milenio, todo fue de mal en peor, y en las últimas elecciones presidenciales ni siquiera hubo un candidato radical para la presidencia. Una debacle que parece no tener fin y para la cual la fugaz alianza con Mauricio Macri (que se interpretó como una oportunidad para renacer) terminó siendo letal. En Catamarca, el derrumbe fue incluso más dramático. El radicalismo pasó de gobernar dos décadas seguidas a desaparecer de la disputa del poder. Cada elección saca menos votos que la anterior, y en la última no logró meter ni siquiera un concejal, algo que no había sucedido jamás desde la recuperación de la democracia. No tiene democracia interna, no tiene conducción, no tiene proyecto. Sus dirigentes huyen hacia el oficialismo de turno, y la militancia se desintegra a ritmo vertiginoso. En ese contexto desolador, el radicalismo intenta rearmarse a nivel nacional, y para ello apostó a volver a sus raíces, despegándose del macrismo y los libertarios, y haciendo un enorme esfuerzo por recuperar su esencia.

Nuevo líder

En la UCR hay todavía dirigentes con poder real, sin ir más lejos, cuenta con varios gobernadores: Alfredo Cornejo (Mendoza), Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Carlos Sadir (Jujuy), Gustavo Valdés (Corrientes) o Leandro Zdero (Chaco). Tiene también otras figuras experimentadas como Martín Lousteau, Gerardo Morales o Facundo Manes. Sin embargo, fue toda una señal que se eligiera como nuevo presidente a un joven desconocido para el gran público: Leonel Chiarella, intendente de Venado Tuerto. En un plenario con más de 100 delegados de todo el país, Chiarella fue señalado como símbolo de una nueva etapa. El jefe comunal nació el 18 de diciembre de 1988. A los 15 años dio sus primeros pasos en la militancia política dentro de la Escuela Técnica 483 “El Industrial” de Venado Tuerto con una participación en la creación del Centro de Estudiantes que luego presidió en 2006. En su adolescencia también fue parte de la Juventud Radical, rama política del partido centenario que presidió a los 18. Una vez afincado en la ciudad de Rosario comenzó a estudiar la carrera de abogacía y se recibió en la Universidad Nacional de Rosario. También militó en la Agrupación Estudiantil 1983, integró el consejo directivo y fue ayudante de cátedra en Derecho Constitucional I y II durante cuatro años. Además, formó parte de diversas organizaciones no gubernamentales y en el año 2015 fue electo concejal, cargo que ejerció hasta 2019. En aquel año asumió la intendencia de Venado Tuerto, desplazando al peronismo luego de más de dos décadas en el gobierno. Su primer mandato lo finalizó con una alta aprobación hacia su gestión ya que, al presentarse en las elecciones del 2023, fue reelecto por una abrumadora mayoría: el 83% de los votantes puso su boleta en una urna para garantizar su continuidad. Hasta el momento lleva seis años a cargo de la Municipalidad de Venado Tuerto. Entre sus hitos se destaca haber finalizado, año tras año, con superávit en las cuentas públicas. Ahora lo espera su mayor desafío, y se tiene fe: “Vamos a trabajar para consolidar una UCR moderna, protagonista, que gestiona y resuelve los problemas de la gente. Sentarme en el mismo lugar que alguna vez ocuparon Alem, Yrigoyen, Balbín o Alfonsín es el mayor desafío de mi vida política. La UCR es el partido que amo, que llevo en la sangre. Y quiero que sepan que voy a dejar todo en estos dos años, porque antes que cualquier cargo, soy un militante”, aseguró.

Detalle técnico

Cuando el Gobierno nacional es todo entusiasmo para meter la Reforma Laboral, se descurbió una piedrita en el zapato. Mejor dicho, la descubrieron los peronistas. La senadora Carolina Moisés y el diputado Guillermo Michel objetaron que el tratamiento de la reforma laboral empiece por el Senado. Ambos plantearon que el texto contiene capítulos tributarios y ese tema es una prerrogativa de la Cámara de Diputados, según el artículo 52 de la Constitución. La peronista Moisés planteó en ese sentido que “la Constitución no es un trámite formal ni un obstáculo político”, y resaltó que “cualquier intento del Poder Ejecutivo de eludir este procedimiento desnaturaliza el sistema bicameral, vulnera competencias exclusivas y puede anularse judicialmente el procedimiento”. “El título XXIV es impositivo, modifica IVA y Ganancias expresamente”, completó la legisladora jujeña. Si las críticas de quienes reniegan de darle tratamiento desde la semana que viene en el Senado se expanden, el oficialismo debería retirar el proyecto o, en su defecto, quitarle el articulado referido al aspecto tributario. La jugada del peronismo tiende claramente a retrasar la eventual sanción de la reforma laboral, que no se va a caer ni mucho menos por esta jugada, pero claramente su tratamiento puede retrasarse, y eso es en sí mismo un pequeño triunfo opositor, que patearía la pelota bastante lejos. Por lo menos, hasta el año que viene.

Recuerdos

En diciembre de 1990, a casi un año y medio de haber asumido Carlos Saúl Menem la presidencia de la Nación, varias organizaciones de derechos humanos, como Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de Mayo, APDH, la Liga Argentina de Derechos Humanos o el Centro de Estudios Legales (CELS), ponían en marcha un pedido de juicio político contra los siete miembros de la Suprema Corte de Justicia. Motivó la drástica decisión un fallo de los cortesanos por el que se impedían los análisis de laboratorio a los presuntos hijos de personas desaparecidas durante la dictadura militar. La lucha de madres, abuelas y las organizaciones, años después y, especialmente durante el kirchnerismo, cambió esa realidad y los análisis, de lo que fueran, permitieron recuperar la identidad de personas que habían sido apropiadas durante la “larga noche” que se puso en marcha el 24 de marzo de 1976. Aquella corte menemista, por otro lado, se convirtió con el tiempo en blanco de las mayores críticas por su incondicional alineamiento con el gobierno nacional, a tal punto que fue bautizada como la “mayoría automática”. Al asumir Néstor Kirchner, varios de sus miembros, con Julio Nazareno a la cabeza, terminaron renunciando y habilitando a nombramientos que, en su momento, fueron ponderados por el conjunto de la sociedad. Nazareno, que presidió la Corte Suprema durante muchos años, había nacido en La Rioja pero tenía raíces y fuertes vínculos con Catamarca. Se casó con Beatriz Matavos, con quien tuvo cuatro hijos. En La Rioja fue desde intendente capitalino hasta jefe de la Policía, y tenía un estudio jurídico en sociedad con Carlos Menem y Eduardo Menem. Fue justamente Carlos Menem quien lo designó ministro de la Corte Suprema de Justicia. Renunció a su cargo en 2003 cuando la Cámara de Diputados inició el procedimiento del juicio político para removerlo por mal desempeño de su cargo, y falleció a fines de 2019.

El Esquiú.com

Más Noticias

El Gobierno espera que dos sectores estratégicos multipliquen por seis el ingreso de dólares en diez años

Tras un año con números récord, Luis Caputo ajustó las proyecciones de ventas al mundo...

Alerta amarilla por tormentas para la noche de este lunes y la madrugada del martes

Según el organismo oficial, la advertencia alcanza a...