jueves, 22 de enero de 2026 16:00
El 21 de septiembre de 2008 marcó un antes y un después en la vida de Maru Botana y su familia. Ese día, Facundo, el sexto hijo de la reconocida cocinera y de Bernardo Solá, falleció inesperadamente a los seis meses por muerte súbita del lactante. A 17 años de aquel golpe devastador, la figura de la televisión decidió abrir su corazón y hablar del duelo que la acompaña desde entonces.
En diálogo con Sofía Calvo para el ciclo La sesión de Hispa, Maru Botana recordó que tenía 38 años cuando ocurrió la tragedia y que sus otros cinco hijos eran muy pequeños. La familia había viajado al Sur para disfrutar unos días de esquí, mientras que el bebé quedó al cuidado de los padres de la cocinera debido a su corta edad.
Según relató, el contacto con su madre era constante y nada hacía prever el desenlace. Aquella noche, luego de escribirle a su padre y recibir tranquilidad del otro lado, se fue a dormir sin imaginar lo que estaba por suceder. Horas después, un llamado telefónico cambió todo para siempre.
“Fue el mensaje más horrible que alguien puede escuchar”, recordó Maru Botana, al rememorar cómo su madre le comunicó la muerte de Facu. En ese instante, describió una sensación de vacío absoluto, de desconexión total con la realidad, aferrándose a la idea de que todo podía revertirse.
En uno de los pasajes más crudos de la entrevista, la cocinera confesó el pensamiento que la atravesó en ese momento límite. “Miraba la montaña y pensaba en tirarme”, dijo sin rodeos, aunque aclaró que inmediatamente la imagen de sus otros cinco hijos la ancló a la vida.
El regreso a Buenos Aires fue urgente y silencioso. Decidieron no contarle nada a los niños hasta llegar y enfrentar juntos la noticia. Según Botana, ese instante fue caótico, desgarrador y quedó grabado para siempre en su memoria, pese a los intentos por olvidarlo.
Con el paso del tiempo, Maru Botana logró transformar el dolor en una forma de recuerdo más amorosa. Agradeció que el tema pueda hablarse abiertamente en la familia y que sus hijos no lo vivan desde la tristeza. Incluso, destacó el acompañamiento médico y familiar que la ayudó a no cargar con culpa.
Aunque el duelo nunca desapareció, la cocinera se permitió volver a apostar a la vida. Pasados los 40 años, fue madre nuevamente de Juan Ignacio e Inés, una decisión atravesada por el miedo, pero también por el deseo profundo de seguir adelante sin olvidar.
