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Inmiscuirse en guerras ajenas no es gratis

jueves, 5 de marzo de 2026 02:02

El presidente estadounidense, Donald Trump, sumó un nuevo adversario en su cruzada mundial, donde ya repartió amenazas de intervención y acciones militares contra Venezuela, Cuba, México, Irán, Colombia, Dinamarca, etc.; además de enfrentar a decenas de países por otras vías, como la presión comercial y económica. Ahora apuntó enardecido contra España, porque el gobierno ibérico no le cedió sus bases militares para ser utilizadas en la cuestionada guerra contra los iraníes. Trump calificó a España como un “aliado terrible”, decidió interrumpir cualquier negociación bilateral y cortar las actividades diplomáticas y comerciales con los españoles. La escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán elevó el nivel de confrontación en la región y en ese contexto se presiona a los aliados occidentales a tomar posiciones claras, casi al extremo de “están con nosotros o contra nosotros”, que planteó George Bush luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Trump reprochó la falta de alineación de España con los objetivos de Washington.

Pero Madrid tiene sus razones. En principio, España emitió un comunicado oficial y activó canales diplomáticos para rechazar lo que consideraron una injerencia indebida. Fuentes del Palacio de la Moncloa describieron la actitud de Trump como un intento de “chantaje”, buscando presionar a España para que modifique su postura, que hasta ahora se mantuvo independiente. La Casa Blanca busca que sus aliados europeos cierren filas sin fisuras, algo que el gobierno de coalición español evitó hacer: “España no acepta presiones externas para modificar su política”. Así planteada la discusión, el congelamiento de las relaciones incluye tratados comerciales menores y protocolos de intercambio de inteligencia que se venían negociando desde el inicio del mandato de Trump. Para la administración española, su compromiso con la paz en Medio Oriente es “firme y no está sujeto a condiciones comerciales”. 

Pero hay más. El 11 de marzo de 2004, se produjeron en Atocha, una serie de atentados terroristas que dejaron unos 200 muertos y 2000 heridos, al causarse detonaciones intencionales en cuatro trenes llenos de trabajadores y estudiantes. Ese ataque, atribuido a la red Al Qaeda, es el mayor atentado de la historia de España, y fue consecuencia del apoyo español a Estados Unidos en su cruzada contra Irak, país que también -como hoy Irán- fue señalado como una amenaza por sus supuestas armas de destrucción masiva, que finalmente nunca aparecieron. El trágico efecto humano de ese alineamiento tuvo también un costo político brutal, y derivó en la caída del gobierno español, que en primera instancia quiso disimular lo ocurrido atribuyendo los atentados a la organización separatista ETA. Entre el caos y la mentira, se resolvió la suerte de las elecciones, celebradas días después de los atentados. Inmiscuirse en guerras ajenas puede ser así de grave. No es gratis ni un gesto formal, menos en casos como este ataque a Irán, que marcha contra todos los derechos internacionales y es cuestionado hasta en Estados Unidos. Son aspectos que deberían al menos contemplar, aquellos que suscriben a ciegas todo lo que hace y dice Trump.

El Esquiú.com

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