El arqueólogo R. Alberto Avellaneda comparte el registro fotográfico de las pictografías del Alero de los Morteros, ubicado en el departamento Ancasti, Catamarca, y analiza su relación con el uso de alucinógenos en la Cultura Aguada.
Por R. Alberto Avellaneda
En el marco de una serie de notas sobre los Aleros de San Francisco, en el departamento Ancasti, se presenta la tercera entrega dedicada al Alero de los Morteros. Este sitio se encuentra a 150 metros al noreste de los Aleros del Sapo y del Palo Borracho, con una orientación norte/sur y un panel de pinturas ubicado en la oquedad que mira hacia el este, hacia la salida del sol.
Según el autor, el Alero de los Morteros se distingue por la presencia de morteros asociados al lugar ceremonial, hallados por primera vez en la región de San Francisco. En el Mortero 1 se observan vainas de cebil (Anadenanthera Colubrina) en el interior y alrededor del pozo tallado en la roca. El Mortero 2 presenta un tallado circular de gran profundidad y cuidado.
La bibliografía sobre la Cultura Aguada señala el uso de alucinógenos como el cactus San Pedro (Trichocereus Pachanoi) y los frutos del cebil. En el caso del Alero de los Morteros, el sitio se encuentra en medio de un bosque de esta última vegetación.
Las pictografías del alero incluyen dos motivos principales: el primero muestra figuras de llamas realizadas con tinte grueso; la segunda representación, deteriorada por elementos naturales, presenta una llama pintada de costado con trazos gruesos y técnica realista.
La Cultura Aguada, según las investigaciones de arqueólogos como Alberto Rex González, Omar Barrionuevo y otros, alcanzó su apogeo entre los años 600 y 800 de nuestra era, con presencia en gran parte de Catamarca, norte de La Rioja, San Juan, el Valle Calchaquí, San Pedro de Atacama y Cochabamba, Bolivia. Su declinación, ocurrida hacia el siglo IX, pudo deberse a deterioro climático y posiblemente a incursiones guerreras, como sugieren los hallazgos de Omar Barrionuevo en el sitio de Nana Huasi, en el cerro Ancasti.
