El propietario de La Singularidad del Libro cuestionó la derogación de la Ley 25.542 y afirmó que la medida no beneficiará a los consumidores ni fomentará la competencia.
En el marco del debate por la llamada «ley de derogación del libro», el propietario de La Singularidad del Libro, Naim Garnica, rechazó el argumento oficial sobre los supuestos beneficios de la normativa.
El Gobierno nacional, a través del Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado conducido por Federico Sturzenegger, prepara un paquete de reformas para tratar en el Congreso. Entre ellas, aparece la derogación de la Ley 25.542 de Protección a la Actividad Librera. Esta normativa, vigente desde el año 2001, establece el sistema de precio único de venta al público, lo que obliga a que un mismo libro cueste exactamente lo mismo en cualquier punto del país, ya sea en una gran cadena o en una librería independiente.
Según el empresario, la medida no tendrá el efecto esperado sobre los consumidores porque, afirmó, «el precio no lo va a fijar la editorial, lo va a fijar el punto de venta».
Garnica contó además que, por el momento, su librería respeta las listas oficiales: «Yo actualmente vendo el libro al precio que la editorial lo fija y el comprador puede confirmarlo en la página de la editorial». Y explicó que la práctica es generalizada: «Todos vendemos al mismo precio y el consumidor después elige». Para él, la eliminación de la regulación de precios no redundará en mayor competencia ni en tarifas más bajas para los lectores.
Además citó las consecuencias observadas en otros mercados: «En Brasil esta ley ha hecho estragos. Han cerrado muchas cadenas de libros ante la apertura de grandes cadenas internacionales», dijo, en alusión a experiencias donde cambios normativos habrían afectado la supervivencia de puntos de venta tradicionales.
Garnica criticó también la falta de demanda social detrás de la iniciativa legislativa: «A esta ley no la pidió nadie, no hay quejas de nadie, ni de libreros, editoriales o lectores», sostuvo.
«El único problema de la industria del libro, es el precio del papel», afirmó, planteando que factores productivos y de insumos son los que verdaderamente presionan los costos, más que la estructura de fijación de precios al público, remarcando que la industria del papel ya se encuentra monopolizada.
