Un recorrido por las ideas de Umberto Eco y Roland Barthes sobre el poder del lenguaje, aplicadas al discurso público actual en Argentina, con referencias al gobierno de Javier Milei y actividades literarias en Catamarca.
En su obra “La búsqueda de la lengua perfecta”, Umberto Eco describe a Adán como el primer nomoteta. Según el Génesis bíblico, Dios le asigna la función de nombrar a todo lo creado. Actúa así como el primer configurador del lenguaje humano. Nombrar al mundo era legislar o dictar las leyes de la palabra en un idioma que no era arbitrario, sino que reflejaba la esencia pura de cada criatura. Una coincidencia exacta entre la palabra y la cosa.
El poder para nombrar es el poder para fabricar sentido y realidad. Entonces, el lenguaje fue la primera forma de poder. La palabra se configura en torno a una unidad ideológica, desarrolla Roland Barthes en su ensayo “El grado cero de la escritura”. Barthes invita a pensar las palabras más allá del lenguaje, en contexto con la historia y la posición que se toma frente a ella.
“No hay lenguaje escrito sin ostentación”, dice. Advierte que la literatura puede ser su propio cerco, “la soledad de un lenguaje ritual”. Allí donde la historia parece retirarse de la literatura o de los discursos de época, aparece incluso más clara.
Barthes menciona la noción de “morales del lenguaje”. Describe que “la unidad ideológica de la burguesía produjo una escritura única” y que “en los tiempos burgueses la forma no podía ser desgarrada, ya que la conciencia no lo era”.
El Gobierno de Javier Milei ha nominado una lista de enemigos que incluye a “los vagos, los zurdos, los planeros, los delincuentes, los ensobrados”. Para el académico Pablo Tigani, en los casos de Javier Milei y Donald Trump, “el lenguaje vulgar y violento opera como un dispositivo de disciplinamiento simbólico que desactiva el pensamiento crítico, sustituye el conocimiento y legitima la degradación institucional”.
Tigani sostiene que la vulgaridad lingüística y la agresión discursiva bloquean la argumentación compleja. Al reducir el intercambio político a consignas agresivas y expresiones obscenas, se imposibilita la elaboración cognitiva profunda.
“El lenguaje de Milei se organiza en torno a una economía de la excitación. El volumen, la agresividad y la obscenidad no cumplen una función expresiva espontánea, sino una función neuro política: activar respuestas emocionales primarias que bloquean la reflexión. La apelación constante al desprecio y a la humillación pública construye un vínculo afectivo basado en la descarga, no en la comprensión”, dice.
“Ningún cerco se funda sin una idea de perennidad”, advierte Barthes. “Ninguna sociedad tiene una lengua perfecta”, dice Eco. La palabra puede ser disruptiva y romper el lenguaje sin necesidad de descender al escarnio y la llanura.
El lenguaje es un bien común. Es urgente defender la forma artesanal de la escritura. Reconfigurar las formas que describen una ética de la palabra.
Incluye un poema de Víctor Aybar que reflexiona sobre la identidad y la resistencia.
Este fin de semana habrá poesía en Catamarca con el Festival Norte Natural, con la participación de más de 20 poetas del centro y norte del país. Entre el 7 y el 11 de octubre será la Feria del Libro. Dos momentos para reflexionar acerca de las opciones del lenguaje y la palabra.
