Con el equinoccio de septiembre comienza el Koya Raymi, período en el que las comunidades andinas preparan la siembra y realizan rituales vinculados a la fertilidad de la tierra. El fenómeno climático del zonda y las prácticas ancestrales marcan el calendario agrícola en el valle catamarqueño.
El mes de septiembre marca el inicio del Koya Raymi, el equinoccio en el que el día y la noche tienen la misma duración. Para las comunidades andinas de Catamarca, este período coincide con el fin del invierno y el comienzo de la temporada de siembra.
Según las tradiciones locales, durante estos días se preparan los surcos y se colocan las semillas que fueron guardadas durante los meses secos. Cada grano de maíz que se entierra lleva asociado un ruego por la abundancia del alimento.
Las mujeres de las comunidades cumplen un rol central en estos rituales. Caminan hacia la tierra abierta entonando coplas y honran a la mujer como portadora del porvenir, en paralelo a la semilla que germina en la humedad del suelo.
El viento zonda, denominado Wayra Tata o Padre Viento en la cosmovisión andina, es otro de los elementos presentes en esta época. De acuerdo con las creencias, el viento baja desde las cumbres para limpiar los campos y abrir espacio a la nueva siembra. La música de la caja y el humo del sahumerio son mencionados como recursos para calmar su intensidad.
El texto original, titulado «El aliento del abismo», fue escrito por Lorena Elizabeth Monroy Quevedo y describe el vínculo entre el Wayra y la Pachamama. Señala que el tiempo verdadero no lo marcan los relojes, sino el pulso de la tierra y el paso del Tata Sol. La autora relata que, tras el ayuno de los fríos intensos, la tierra abre sus poros para recibir la semilla.
El relato incluye el testimonio de una abuela que, acariciando el cabello de la niña, le dice: «cuando la vida sople fuerte y te sacuda el rostro, no te resistas. Cierra los ojos, respira hondo y déjate abrazar. Tu corazón ya sabe de dónde vienes, qué tierra pisas y hacia dónde vas».
El Koya Raymi se celebra en coincidencia con el equinoccio de septiembre y es considerado un tiempo de fertilidad y renovación para las comunidades del valle.
