La Cámara Argentina de Comercio y Servicios registra una alta tasa de locales cerrados en el sector textil, mientras las ferias americanas y plataformas de moda circular aumentan sus ventas.
El sector minorista de indumentaria en la Argentina registra su mayor tasa de locales cerrados y proyectos comerciales interrumpidos, según los últimos balances de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC).
En las principales arterias comerciales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) se contabilizan aproximadamente 300 locales inactivos. En contraste, el negocio de la ropa usada se consolida como la única alternativa en expansión dentro del mercado nacional.
Comerciantes del sector manifestaron a la Agencia Noticias Argentinas (NA) su preocupación por la falta de medidas para las pymes y la ausencia de regulación de plataformas extranjeras que venden productos a valores que consideran imposibles de igualar.
Horacio, responsable de un local de ropa en el barrio de Palermo Viejo, declaró: «Hace 35 años que tengo el negocio y nunca pasé por una situación tan desesperante, ni en la pandemia, que tuvimos que cerrar el local físico y vendíamos algunas prendas por Internet». Y agregó: «Hago promociones 2×1, rebajas en efectivo, cuotas sin interés. Y aún así no entra nadie».
En CABA, el rubro indumentaria es históricamente el motor de las grandes avenidas, pero actualmente muestra cuadras enteras con carteles de inmobiliarias. La Avenida Cabildo duplicó su cantidad de locales vacíos en las mediciones de este año. La Avenida Avellaneda, en el barrio de Flores, registró un aumento de vacancia de más del 160% en términos interanuales. Las avenidas Santa Fe y Córdoba, en Palermo y Recoleta, tienen locales históricos que cerraron tras décadas de actividad. La Avenida Corrientes y la Avenida Rivadavia se mantienen al tope de las arterias con mayor cantidad de persianas bajas netas en CABA.
Un informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) indicó que la producción textil acumuló una caída del 22,6% en comparación con el año anterior. Las plantas fabriles operan al 45,3% de su capacidad instalada, lo que provocó el cierre neto de más de 500 establecimientos productivos y la pérdida de más de 28.322 empleos formales en los sectores de textil, confección y calzado desde fines de 2023.
Referentes de la Fundación Pro Tejer explicaron que, ante la falta de dinero, las familias optan por «estirar» el uso de la ropa que ya tienen. La llegada de plataformas extranjeras de bajo costo, como Temu y Shein, y la importación de indumentaria a precios con los que la industria local no puede competir en igualdad de condiciones, afectan al sector. Marcelo, que tiene un negocio de ropa femenina en Caballito, aseguró: «Es muy complejo hacerle frente a los gigantes de afuera. Tienen precios que son imposibles de alcanzar».
Los comerciantes detallan que la facturación se mantiene estancada o en descenso mientras los costos fijos se multiplican. Para intentar sobrevivir, los negocios remanentes apelan a estrategias de liquidación anticipada, promociones de «caja cero» y descuentos para obtener efectivo rápido y abonar los alquileres, cuyos valores en el mercado se han vuelto prohibitivos.
El vacío que dejan los comercios tradicionales de indumentaria empezó a ser ocupado por franquicias gastronómicas de rápida rotación, lo que deja atrás el clásico negocio textil familiar e independiente que caracterizó a las avenidas de Buenos Aires.
Fuente: Agencia NA
