A más de veinte años de su partida, la obra reunida del poeta catamarqueño Humberto Leiva Navarro ve la luz en el libro «Kiscaluros», una recopilación que conjuga lirismo regional, habla popular y una profunda conexión con la tierra.
Humberto Leiva Navarro ha legado a la poesía catamarqueña una obra sólida y bella, donde convergen la musicalidad del canto y el profundo lirismo regional. Palabra sabia la suya, que atraviesa los nombres, el paisaje, las costumbres y los personajes de la tierra, y que se desplaza hacia el poema con la fuerza del juglar dispuesto a ser escuchado.
En eso estamos con el libro “Kiscaluros” en la mano, para descifrar la voz del poeta que, en su afianzada trayectoria de escritor, ha captado en composiciones de largo aliento los matices expresivos del decir y del hablar de los elementos del entorno espacial que describe, vigorizando el alma.
Poesía telúrica es esta, construida para exaltar la geografía paisajística y espiritual de un pueblo habitado por el asombro, el esplendor de la naturaleza y el trajinar de su gente. En chayas, coplas, cajas, canto y danzas, la música recoge toda la vida del hombre y la creación, y el poeta lo refleja. No son composiciones limitadas al pintoresquismo, sino que con un discurso innovador transmite una cosmovisión celebratoria del mundo y de la vida.
Humberto Leiva Navarro es genuinamente un “nombrador”: enuncia, anuncia y exalta un nombre, Catamarca, a la que define “como un río bien crecido/ cuesta abajo…/ O quizás son tus vocales, como gotas de rocío”.
“Kiscaluros” es un libro necesario para la consideración de la literatura catamarqueña, porque en él está reunida la poesía del autor, que en vida transitara los caminos de este suelo y del resto del país recitando sus poemas que crecían en su voz. Debemos destacar que, perteneciendo por su formación a la cultura letrada, en sus poemas frecuenta el habla popular para mentar elementos de la naturaleza o para conferir credibilidad a sus personajes.
El nombre del libro, Kiscaluros, es el que Humberto Leiva Navarro eligiera cuando se propuso editar sus obras. A más de veinte años de su desaparición física, su familia decidió conservar este nombre, cuyo contenido semántico es —según Lafone Quevedo— el cardón y su fruto, la tuna. El volumen con su obra reunida es una joya por su contenido y por el cuadro que ilustra la tapa, creación del artista y Maestro de la Pintura que fue Don Luis Varela Lezana.
Leiva Navarro dejó este bagaje de palabras, poesías e historias dispersas en papeles, carpetas, recortes de diarios, revistas locales y nacionales, y en la memoria colectiva de quienes escuchaban sus recitales en diversos escenarios. Hubo que reunir esta obra para mostrar un panorama de su intensa creación, tarea que realizó con amoroso cuidado su hija Sarita.
Humberto Leiva Navarro nos ha dejado su voz cargada de matices, sostenida en un lirismo de profundas raíces americanas que afianzan la historia de la literatura catamarqueña.
El poema que da nombre al título del libro da fe de este aserto:
KISCALURO
¡Kiscaluro, Kiskaluro, tu quimera fue ser Tuna!
Y a las brujas develaste tu secreto amanecido…
El Llastay sonrió sabiendo del engaño, dulce sueño,
que mamaban tus raíces de algún suelo prometido…
A la siesta cuando el zonda despeinaba los sauzales
fue al duende a quien dijiste: “Mi destino es de ser Tuna”.
Jugueteaba con su látigo el petiso sombrerudo,
¡Ten cuidado, yo escuché en la salamanca tu fortuna!
Pero el pérfido Mandinga, una noche en carnaval
de algarroba fermentaba dulce aloja del olvido.
Tus raíces la bebieron, borrachos de amor y cielos
tras el sueño de ser Tuna, tu destino fue perdido…
Carcajadas de las brujas, galopando entre las nubes,
comentaban de la trampa que Mandinga te tendió.
Remolinos agitaban las escobas voladoras
cuando junto a una jarilla, Kiscaluro así lloró:
-Pacha mama, Pachamama, descuidé, torpe, mi sino,
Déjame como he quedado, mi pecado fue beber.
¡Olvidé de mi camino, tras la danza de la aloja…
Pero al menos, Pachamama, deja mi alma florecer!
-Sosiega, Chango, tu llanto, echa a un lado tu penar.
Mama Quilla ya dispuso, esta noche te ha de dar
A cambio de los afanes que te robara Mandinga
en tu fruto, tal dulzura, que muchos han de libar…!
